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La depresión, la enfermedad que nos acecha

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Si observamos de una manera consciente, podemos ver cómo buscamos de forma urgente e inminente el ser felices, intentando conseguir aquello que externamente creemos que necesitamos, cuando lo realmente importante es descubrir que la felicidad está en nuestro interior aceptándonos tal y como somos y no en satisfacer la necesidad de ser aceptamos por nuestro entorno natural, social y profesional, perdiendo la legitimización de nuestra propia personalidad.

En las circunstancias económicas y sociales que vivimos actualmente, la sumisión y dependencia hacia otros hace que perdamos los valores esenciales de nuestra vida, en beneficio de poderes que parecen tener derecho sobre nosotros.
Debemos de tener en cuenta que la falta de autoestima nos genera inquietud que, si perdura en el tiempo, se convierte en desesperación y, en último caso, nos hace preguntarnos en qué fallamos para no ser aceptados.
La depresión es el resultado de estar agotado, porque la necesidad de querer ser aceptado y dependiente de terceros nos genera impotencia, llevándonos al abandono de nosotros mismos, al pensar en qué y dónde fallamos. Cada vez que descendemos un peldaño y miramos abajo podemos pensar: “tranquilo, está aún lejos el fondo del pozo”; pero, cuidado, podemos perder la orientación en la oscuridad del pozo.
Como decía Ralph Waldo Emerson, “Abandonar puede tener justificación; abandonarse no la tiene jamás”.
La sociedad actual hace que vivamos de forma reactiva aceptando poner años a la vida, limitándonos utilizar los recursos para subsistir y sólo avanzar, en el mejor de los casos, de manera oportunista cuando se den las circunstancias. Debemos dar un puñetazo y aprender a poner vida y felicidad a nuestros años. Buscar el éxito es importante pero no como una obsesión,-alejemos la ansiedad generada-, sino como una aceptación racional, lógica y realizable de lo que realmente queremos conseguir por nosotros mismos y no por lo que opinen los demás. La felicidad es la sabia del éxito ya sea profesional, social o personal. Para alcanzar esa meta deseada, debemos trazar un plan al igual que para perder peso recurrimos a desarrollar un plan de alimentación, el cual nos debe generar un hábito. Por el contrario, estaremos sufriendo de forma constante y el resultado final será el abandono de éste.
Trazar un plan es el elemento más importante, si nos equivocamos en establecer este plan de desarrollo, agotamos el combustible que requerimos para ello, la automotivación. Debemos valorar los pequeños logros que vamos consiguiendo, ya que de ello depende ir llenando el depósito de la motivación para llegar al éxito de nuestra meta.
La motivación es el combustible de ese motor que nos impulsa en lo cotidiano, en sacar lo mejor de nosotros mismos a pesar de los gris que pueda estar el panorama o las circunstancias que nos rodean. Pero, lo importante para conservarla es tener una perspectiva positiva de las cosas que nos suceden, mirar todo desde otra perspectiva, no enfocarse en lo negativo. Hay que plantearlos como oportunidad de superar esos obstáculos y salir fortalecidos.
El mejor regalo que nos han dado es la vida. Somos una maquina perfecta. Tenemos una parte mecánica y otra emocional y, a veces, algún pistón nos falla, pero, ante todo, tenemos la capacidad de reflexionar, y en esa reflexión se encuentra nuestra capacidad de superación.
Deja que la pasión por lo que sabes hacer tome las riendas de tu vida, es el mejor combustible que tenemos para superar todos y cada uno de los obstáculos que se nos presentan.

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