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Caridad Orta Zayas. Cuando el paisaje se confunde con la acuarela y el acrílico satina el paisaje

Caridad Orta Zayas. Cuando el paisaje se confunde con la acuarela y el acrílico satina el paisaje

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“La libertad en lento movimiento como la naturaleza. Todo se desenvuelve en silencios apenas rotos por el sonido del viento sobre las aguas marismeñas y el crujir musical de las agujas de los pinos al caer sobre la alfombra extendida por las arenas amarillas formando una concha natural entre marrón y verde. Cielo azul, cielo celeste, cielo difuminado por el atardecer sobre un horizonte sin fin apenas inquietado por el vuelo de cientos de gaviotas mágicas en sus volar elegante y aerodinámico. Y dunas, y mar , y casas como elementos reales y quizás algún ser humano como simple estampa, atrapado e inmóvil ante la quietud y el silencio de la obra de una impresionante artista onubense. Su nombre es Caridad Orta Zayas".

Así he querido comenzar esta semblanza. Así lo he querido porque todavía siento la emoción, no demostrada, in vivo, que me ha causado la obra de Orta Zayas este mediodía en el Restaurante Rocataliata, de Huelva.

Una ligera brisa en el tiempo de ayer hace que el aroma del espíritu de Caridad Orta se confundiera con el mio en un lugar muy querido por los dos. La onubense calle Marina. Es en esta calle donde nace Caridad cuando comienza a dar sus últimos estertores la década de los cincuenta. Y su primera y más impresionante visión de la misma es cuando las aguas del Odiel, a su paso por el puerto de Levante, en marea alta, anegaba la calle hasta convertirla en un auténtico río de aguas bravas hasta llegar a La Placeta donde confluía con otro aluvión amarillo que bajaba en peligrosa cascada desde los cabezos de San Pedro y La Joya. Y la niña jugaba y se divertía. Y observaba con ojos infantiles los diferentes matices de colores de las aguas al mezclarse. Nació con el arte de la pintura en las retinas y en las manos. Y todo ello hasta que Paco, el encargado de “La Bilbaína”, famoso ultramarino entonces de la calle del Carmen, iba a recogerla con su carretilla.

Se zampa su historia de niñez y juventud con tres brochazos. Se crió, académicamente hablando, en Las Teresianas, en el instituto Alonso Sánchez y en las universidades de Huelva y Sevilla, los dos último años, licenciándose en Historia del Arte. Ella, a diferencia de la mayoría de sus coetáneos, no sentía necesidad alguna de salir de Huelva. Su ciudad tenía todo aquello que amaba, mar y animales. Y los fines de semanas y vacaciones los pasaban en las fincas familiar de San Bartolomé y de El Rompido, rodeada de todo aquello que la hacía feliz… Y un lápiz y una cartulina para pintar. Estos elementos pictóricos eran unos miembros más de su persona y de su personalidad. Desde pequeña contó con el apoyo, ” más allá de las obligaciones”, de su abuelo y la fomentó en esta faceta cuando veía sus primigenios apuntes al carbón de los rebaños de cabras bajar por los cabezos de El Conquero, a la altura del Muro Alto, hacia los prados marismeños de los terrenos de Renfe a pastar las hierbas suculentas crecidas entre los raíles y alrededores.

Ella se define autodidacta. Nunca quiso ir a clases de dibujos porque su sentido de la libertad es tan profundo que entendía que ello supondría una lacra a su propia autonomía. Uno tiene su carácter y personalidad y pinta y crea arte de acuerdo a sus propios sentimientos. No obstante, reconoce que siempre aceptó consejos a niveles formales o de técnica. Por ello, recuerda con cariño, además de la figura de su abuelo, gran amante y entendido de Arte, a Pepe Hernández que tomó su mano y llevándola al comercio de “BricoArte”, la obligó a comprarse los mejores materiales para trabajar en acuarela. O a Emilio Gil Vázquez, su mentor, que la proyectó en la técnica.

Cuando acabó la carrera de Arte vuelve a Huelva, a su Huelva, cargada de proyectos e ilusiones. Sin embargo, sus primeros trabajos solo indirectamente van a estar relacionados con la pintura, y si con la Comunicación. Comienza a trabajar en los diarios onubenses de La Noticia o Huelva Información, realizando críticas de pinturas o, incluso, llevando los archivos fotográficos. Pero su amor estaba en la pintura. Quería probar y probarse que pòdía vivir de ella. Y ese alma emprendedora que posee se puso mano a la obra y comenzó a realizar trabajos individuales y colectivos como una serie de láminas sobre la Naturaleza encargada por la Diputación Provincial de Huelva, o una exposición en el Club Náutico de Punta Umbría, sobre paisaje, que vendió en su totalidad, o en el Hotel Flamero de Matalascañas, sobre paisajes y animales propios del Coto de Doñana, en acuarela, que no solamente vendió por completo, sino que tuvo que realizar multitud de encargos individuales. Pero el amor llamó a las puertas de su corazón y el matrimonio supuso un largo impasse en su actividad creativa. Como ella dice, en tema de la pintura es bastante bipolar. O se da a ella por completo o se olvida también por completo. Este periodo de descanso voluntario de su obra dura aproximadamente ocho años, en los que se dedica a otra de sus aficiones, el mar. Con su entonces marido, montan una empresa de varadero de barcos y otras actividades auxiliares de ocio como un barco de recreo para 50 pasajeros que recorre la costa y sirven comida a bordo. Otra de su pasiones, la cocina. Aún así, ya al final de este periodo, empieza a trabajar y vender por encargos.

Montó una galería de Arte en el Rompido y puede presumir haber vendido en ella, durante el periodo 2010-2015, cientos de acuarelas sobre temas náuticos y paisajes. Igualmente es la autora de todos los cuadros que adornan las paredes, tanto de despachos, pasillos o habitaciones, del nuevo Hospital Costa de La Luz de la capital. Vive por y para la pintura. La vida está para disfrutarla, al igual que ama el campo y su playa, El Rompido. Ella es así. Pura libertad e inquietud. Como inquietos y vivos son esos ojos melosos que te miran limpios y claros como el cielo con el que se despierta cada mañana en su lugar mágico entre pinos y deltas de aguas marismeñas.

Y ahora, esas dos personas que hace treinta años coincidieron en la calle Marina onubense, uno por tener su despacho profesional en ella, otra por residir desde su nacimiento all, se encuentran por azar en la céntrica calle Rico, en el Restaurante Rocataliata.

Me siento junto a ella en una mesa alta rodeados de los doce cuadros expuesto y que cuatro de los cuales han sido adquiridos a las primeras horas de inaugurar su exposición, y nos miramos como hurgando en nuestro ayer. En aquellos que fuimos y estos que ahora somos. Le digo que me hable de su colección y sus ojos castaños melosos se mueven ligeros tras las gafas de nácar blanquecina como su cabello corto, linda y atractiva. Es una exposición a la que no le he puesto nombre, es más bien una selección de los temas y paisajes que más me gustan e identifican, me dice. Es el resultados de muchas y muchas horas de trabajo.

En ellos utilizo la acuarela y el acrílico sobre lienzo y algunos apuntes de pluma. Te reconozco que, en algunos de ellos, me he dejado influir por la técnica del jienense Nicolás Angulo y que se denomina “visión periférica”. Con ella pretendo captar un ángulo integral desde un punto fijo. Como verás cada cuadro tiene a su lado una leyenda, bien de nuestro paisano Abelardo Rodríguez, de Neruda o mía misma, relacionados con cada tema. Algunas veces es el cuadro el que inspira a la leyenda y otras es la leyenda la que inspira al cuadro.

Se nos ha echado la tarde encima y el público y comensales se paran ante sus obras con miradas satisfechas y aprobatorias antes de entrar a comer. Muchos les dicen o preguntan si continuará allí esta tarde o hasta cuando está abierta la exposición. Ella contesta profesional y agradece el interés. Sin embargo, en su mirada veo que dentro de su corazón o de su cerebro está deseando volver al Estero de Los Tejares donde vive a camino entre el campo y la playa. Y soñar. Y volar. Y sentir la necesidad de contemplar al levantarse el estero, la marina y los pinares. Eres una gran artista. Gracias por reencontrarte, amiga. Pintora. Caridad Orta Zayas.

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