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Trump, el fracaso de la política tradicional

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Donald Trump ha ganado las elecciones en Estados Unidos y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza. Pero, puestos a pensar, ¿de qué nos extrañamos? La llegada del magnate a la Casa Blanca no hace más que confirmar en el país más poderoso del mundo la misma tendencia que se viene repitiendo en Europa con la irrupción de los populismos, de izquierda y de derechas, y que ha permitido, por ejemplo, que partidos ultraderechistas alcancen cuotas de representación altísimas e, incluso, que alcancen el gobierno en algunos casos.

Tengamos en cuenta también que tampoco Trump ha engañado a nadie. Ningún elector estadounidense puede decir que no sabía lo que votaba, porque en su campaña ha dejado bien claras sus posiciones económicas, de empleo, política exterior y de inmigración, especialmente. A muchos nos asustan sus palabras y, más aún, lo que pueda llegar a partir de ahora con sus decisiones desde el despacho oval. Pero, por mucho que nos duela, por mucho que se critiquen sus ideas reaccionarias y sus formas, no podemos pasar por alto que su victoria está legitimada por las urnas. ¿Fracaso de la democracia? Algunos dirán que sí. Aunque esos mismos deberían, más bien, plantearse si no es más bien fracaso de la política tradicional.

Porque, no nos engañemos, Donald Trump no es la enfermedad, es el síntoma. La enfermedad es la desafección, incluso diría la animadversión, que existe por las élites del poder. La situación actual, no solo en Estados Unidos, sino a nivel mundial, es fruto del fracaso del sistema, de la incapacidad de los políticos y de los partidos tradicionales para encontrar soluciones reales para los problemas de la gente. Y, sobre todo, del interés que han tenido y siguen teniendo por marear la perdiz, distraer al personal y adormecer la capacidad crítica de los ciudadanos para perpetuar sus posiciones de privilegio.

A ver si ahora va a pasar como en España, que gana el PP las elecciones y luego se pone el grito en el cielo con sus decisiones y resulta que nadie lo ha votado. A Trump lo ha puesto en el poder un pueblo cansado de más de lo mismo que se ha rendido al discurso megalómano y populista de un multimillonario que promete devolver el esplendor perdido al país de las oportunidades a golpe de deportaciones y levantamientos de muros.

Buena parte del futuro inmediato del mundo está en sus manos. Que Dios nos coja confesados.

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