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Sr. Ministro, son personas

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Las imágenes no mienten y nos muestran una realidad incuestionable, quince personas han aparecido ahogadas en Ceuta. Obvio lo de ‘inmigrantes’, porque cuando se utiliza ese término para anunciar hechos, generalmente tristes y penosos, en los que estas personas son protagonistas, se les adjudica eso de ‘inmigrantes’ con la finalidad de culparles de algo o rebajar su importancia. Así ha pasado con estas muertes, que como son de ‘inmigrantes’, el propio ministro del Interior, el director general de la Guardia Civil y el subdelegado del Gobierno llevan días devaluando los hechos intentando que la opinión pública considere estas muertes como menores, muertes de seres de segunda categoría. Y no, no hay derecho a que se ordene a los agentes efectuar disparos con balas de goma o de fogueo, mientras hay personas a nado que lo único que intentan es llegar a territorio español buscando una vida mejor, una vida digna. No hay derecho a que cuando llegan exhaustos a tierra firme, en suelo español, sean obligados, inmediatamente y sin pausa, a pasar a territorio de Marruecos, incumpliéndose todos los procedimientos legales de expulsión. Les da igual, me refiero a los responsables políticos del ministerio, puesto que tras las palabras del ministro sobre que “la Ley no se puede aplicar en Ceuta y Melilla de las misma forma que en el resto del territorio español”, queda bastante claro que la Ley para él es como un clínex que usa a su antojo. El Estado, y usted lo es, Sr. Ministro, tiene la obligación de asegurar el respeto a los derechos fundamentales y a su salvaguarda por los tribunales, siempre y en cualquier momento, sin excusas ni atajos. Las personas que pudieron llegar a nado a España, no se le olvide, Sr. Ministro, tenían derecho a la tutela judicial efectiva y tenían también derecho a ejercer los recursos legales contra sus órdenes de expulsión. Nada de eso se cumplió ya que tal como llegaron fueron puestos de patitas en Marruecos, expulsión “en caliente” las ha denominado usted, sin más. Ateridos de frío, empapados hasta los huesos, como había que quitárselos de encima de manera rápida y pasarlos a Marruecos para eliminar el problema, fueron tratados como fardos de mercancía que llegan a puerto y son trasladados de un almacén a otro. Trataron de esconder la suciedad debajo de la alfombra pero no tuvieron en cuenta que hoy hay mucho más que cien ojos escrutando todo lo que pasa, y no me refiero al SIVE, a las cámaras de seguridad que se encargan de la vigilancia de nuestras fronteras, que visto lo visto, al parecer solo grabaron unas carreritas y unos lanzamientos de piedras a través de la valla, cuando los hechos se produjeron en la orilla del mar. No, me refiero a otras imágenes, las que han aportado video-aficionados y ONG en las que se comprueba todo lo que pasó desde los primeros momentos. Al día de hoy nadie discute ya que se realizaron disparos, aunque los justifican aduciendo que eran de fogueo y alguna que otra bala de goma como medida disuasoria. ¿Disuasoria para qué? ¿Creían que las personas que nadaban con desesperación hasta la orilla iban a dar marcha atrás y volver? ¿Volver dónde? ¿A un mundo de desesperación, hambruna, epidemias y guerras interminables? ¿Quién dio la orden de disparar? Que dimita o le cesen. ¿Quién ordenó que sin demora se llevase a esas personas a territorio marroquí, “en caliente”? Que dimita o le cesen. ¿Quién es el responsable de que las imágenes recogidas por las cámaras de vigilancia no cubran los hechos producidos? Que dimita o le cesen. Todos los que han mentido en este asunto deben irse a su casa y volver a su actividad privada, si es que la tienen. Si no, siempre encontrarán un acomodo estable en alguna empresa eléctrica porque ya sabemos que el PP no abandona a los suyos.

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